Como afrontar la crisis

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Habitualmente se acusa este blog de no aportar soluciones a la crisis y de que únicamente se posiciona en la crítica y la denuncia. Es una obviedad que durante dos años he elaborado un discurso voraz y exhaustivo con respecto a los elementos de diagnosis que mostraban un escenario económico espeluznante. Son muchos los que han desestimado estas consideraciones aun cuando provenían de medios internacionales de enorme prestigio. Por eso, ahora que la mayoría acepta una situación difícil, no aceptaré la acusación de catastrofista, como antes no aceptaba la de agorero.

En el pasado aguanté el “desprestigio” en la profesión por mis vaticinios. No voy a enumerar los “ya lo decía yo” pero si voy a poner en duda algunas de las consideraciones que ahora publican los “grandes analistas”. Por ejemplo, me parece un insulto a la inteligencia el itinerario marcado por el propio BBVA en cuanto a su Servicio de Estudios. Conozco algunos de los autores de sus informes y por ello no comprendo lo que han hecho durante los últimos meses. La mayoría de ellos sabían el auténtico escenario desde hace tiempo y sin embargo fueron rebajando sus expectativas de crecimiento a medida que revisaban sus informes. De un 3,1% al 2,8%, luego un 2,4% y ahora hablan de menos del 2%. En una fatídica conclusión, advierten de que en 2009 el crecimiento será inferior al 1%. Si siguen revisando sus estimaciones a esa velocidad llegarán a cuotas negativas y entonces acertarán. Lo cierto es que España ofrecía un catálogo de síntomas importantes hace tres o cuatro años que se fueron convirtiendo en enfermedades latentes hace dos y que ahora son carne para amputar. Yo no escribo profecías, concreto predicciones. Las primeras se basan en la intuición y los designios sobrenaturales, las segundas en el análisis de datos concretos. Quien crea que el póker depende de una buena mano se equivoca.

Pues bien, para los que argumentan falta de soluciones en este espacio advierto que no es mi labor ni mi obligación aportarlas. Está claro que no es a mí a quien pagan por ello. Sin embargo, voy a enumerar esas posibles medidas sin entrar en el detalle aburrido de la técnica y la econometría, pero si aportaré, no obstante, un informe conceptual medianamente exhaustivo.

Parto de la idea de que la solución pasa por un cambio del modelo económico. En eso todos estamos de acuerdo, pero debemos tener en cuenta que para estructurar esa mutación del sistema hay que plantear estrategias globales asumiendo la situación real. Un escenario auténtico que no permitirá cambios sustanciales sin recesión previa y sin su purga consiguiente. Es absolutamente imposible regenerar estructuralmente nuestro sistema de crecimiento sin higiene estructural. Por eso será fundamental un proceso de recuperación progresiva de la competitividad perdida en los últimos diez años. En ese sentido me preocupa que hoy se inicie una nueva legislatura sin propuestas novedosas ni cuantificación alguna en materia de Innovación competitiva. Volvemos a estar frente a una nueva reedición de la política de “muchos planes y pocas soluciones”, sin ideas nuevas desde los futuros ministerios ni de ocurrencias comparables al otro lado del hemiciclo. Ni unos ni otros aportan nada destacable al debate económico en materia de soluciones creíbles y de sacrificio nacional. No hay lo que hay que tener para hablar claro. Este es un Estado sin estadistas.

Atendiendo a la historia económica contemporánea se hace imprescindible un discurso realista y comprometido. Debemos saber donde estamos y hacia donde nos dirigimos, y tenemos derecho a saber que piedras y agujeros nos encontraremos en el camino. Es preciso saber que ahora no valen enemigos ideológicos ni de clase. Los constructores y promotores no son los malos en exclusiva, pueden ser parte del problema, pero si ellos se hunden, con ellos se hundirá el sistema. Los cambios deben ser inteligentes y los que se produzcan en el terreno productivo precisan de una habilidad extraordinaria. Es preciso identificar responsables, responsabilidades y tareas, pero sin olvidar el objetivo de salir de la cueva. A continuación enumeraré un pequeño número de las medidas que he incorporado en un libro que finiquitaré a finales de año, cuando las consecuencias de este desbarajuste sean demenciales y el conjunto de indicadores permitan averiguar las primeras consecuencias graves.

Las ideas que planteo para modelar ese cambio socioeconómico y de crecimiento son:

    1. Potenciando el mercado laboral a fin de convertirlo en el mejor antídoto ante una crisis económica como la que acecha. Cuanta más gente trabaje, más se incentiva la actividad económica de un país: quien tiene trabajo genera riqueza, luego consume e inyecta dinero al sistema, por lo que, con un mercado laboral sano, la economía se retroalimenta. Si no lo logramos, el gasto en prestaciones por desempleo aumentará de un modo inasumible. Será imprescindible el diálogo social a fin de poner en marcha medidas que pueden ser impopulares y algo traumáticas, pero necesarias en tiempos de crisis: moderación salarial, flexibilidad en la contratación y modernización de los Servicios Públicos de Empleo para efectuar recolocaciones rápidas de los nuevos parados. La patronal deberá ser sensible a través de incentivos a esa nueva línea argumental en las contrataciones.

 

    1. Mejorar la competitividad con medidas concretas y poca palabrería. Si el paro se acentúa, deberemos aceptar que trabajará menos gente, pero deberíamos procurar que por lo menos trabaje mejor. Para ello se precisa ser efectivo en el cambio de modelo de exportación. Con el euro en máximos históricos y un diferencial de inflación de más de un 1,2 por ciento respecto a la UE, los productos españoles son muy poco atractivos. Hay que invertir el modelo, hasta ahora basado en la construcción, un sector que se nutre de mano de obra poco cualificada.

 

    1. Adoptando medidas que permitan alcanzar ese nivel de competitividad deseable para que sea convalidable al europeo. Sabemos que en este país se ha elevado el déficit de sus cuentas con el exterior un 25,3% en 2007, hasta 106.201 millones de euros, cifra que supera el 10% del PIB y que supone una aportación del 72% al total de las pérdidas exteriores de la Unión Europea. Obviamente eso es insostenible en todas direcciones. Las medidas para salir de una espiral negativa en materia de competitividad deben concretarse en profundizar en los accesos y el uso por parte de las empresas de los mecanismos de financiación de la Unión Europea y en algunas medidas más que aporto en los puntos siguientes, desde el 4 al 15.

 

    1. Intensificando los esfuerzos de apoyo a la estrategia exportadora en aquellas empresas que incorporen I+D no tecnológica y si asociada a la gestión, diseño e identidad de marca. La modernización en materia de tecnología depende de puntos que están en marcha, pero la innovación en el modelo de negocio aun está muy debilitada.

 

    1. Reforzando la imagen del producto hecho en España como elemento de cobertura a las empresas nacionales y para promocionar nuestro territorio como destino para las inversiones extranjeras.

 

    1. Impulsando una política de condonaciones de la deuda de los países en desarrollo a través de programas de canje por inversiones en proyectos en el ámbito socioeconómico.

 

    1. Estableciendo un programa específico de impulso a la exportación de servicios financieros, de asistencia técnica, audiovisual, en telecomunicaciones y en redes.

 

    1. Promocionando la estrategia exportadora para que las empresas puedan incorporar investigación y desarrollo en la innovación asociada al diseño de gestión y al elemento corporativo.

 

    1. Apostando por la ampliación de los programas de exportación que desarrollan institutos como el ICEX y que en colaboración con las Cámaras de Comercio, pueden suponer la generación de una nueva manera de entender la pequeña y mediana empresa como un fundamento a la exportación con valor añadido. Algunos programas existentes que se han mostrado insuficientes, en concreto “Aprendiendo a Exportar” pueden ser el camino pero para ello deben estructurarse de un modo mucho más eficiente.

 

    1. Siguiendo ejemplos en materia de I+D como el del sector aeronáutico, en concreto en el campo del restablecimiento en vuelo. Tenemos patrones de seguimiento en el consorcio europeo EADS que ha logrado un contrato de 40.000 millones de dólares que permitirán a la tecnología española exponerse en el mercado internacional al más alto nivel. La compra de 179 aviones cisterna A330 MRTT suponen un fondo de comercio que avala la aventura innovadora puesto que el desarrollo del proyecto es español en su totalidad. Este ejemplo debe ser un referente en plena urgencia por cambiar de modelo de crecimiento. Es improrrogable que España asuma la investigación tecnológica como la gran prioridad económica y lo debe hacer sin dudar y con una estrategia de largo recorrido.

 

    1. Acabando con el déficit de la aplicación de las nuevas tecnologías en diferentes campos de la economía, especialmente en la industria.

 

    1. Desechando la sensación de permanente injerencia gubernamental en el mundo de los negocios, de manera que desaparezca ese mensaje negativo a la inversión exterior, puesto que ese flujo externo precisa de garantías en el campo de la competitividad local y en la libertad estratégica.

 

    1. Reformando el Fondo de Ayuda al Desarrollo para que se pueda adecuar al camino de modernización en el territorio de la cooperación a fin de poder establecer un intercambio de sinergias eficaces.

 

    1. Reforzando el despliegue de las empresas nacionales en los mercados con una globalización muy intensa. Apoyar esa incursión estructural es apostar por países como India, China y Brasil.

 

    1. Impulsando con incentivos la incorporación de las pymes a los mercados tradicionalmente más permeables a la exportación española, procurando que los mercados tradicionales de inversión de la América Latina y del norte de África sean exponentes del proyecto económico internacional del Estado Español.

 

    1. Retirando algunas promesas electorales que nos alejen de la promoción del ahorro y de las políticas de austeridad pública. Los compromisos del nuevo gobierno pueden ser un problema insalvable. Solbes tendrá que trabajar duro para mantener la ortodoxia y taponar unos presupuestos desfasados por el cataclismo económico y extremadamente condicionados por unas promesas de gasto social. El superávit está reduciéndose velozmente lo que endurecerá aun más el barro que nos llega a las rodillas.

 

    1. No ejecutando la devolución de 400 Euros. No parece el tipo de iniciativa idónea para combatir la falta de ahorro, sino que parece querer impulsar el consumo doméstico. La política de contención debe trasladarse incluso al gobierno. La austeridad debe traducirse en una política de gasto social más conservadora, sobretodo en un momento de moderación del empleo, de subida del paro y de enorme presión demográfica.

 

    1. Planteando un proyecto de largo aliento y sin ningún tipo de concesiones a la galería. Sustituyendo algunas fábulas cortoplacistas por programas de largo recorrido. El alcance y el contenido de esos planes deben reducir los gastos insostenibles revisando las políticas de subvenciones, deducciones y regalitos. La austeridad es un vocablo poco electoral, de escaso rédito social pero necesario. Supone la retirada de campañas de publicidad para meriendas, fastos y carnavales públicos y pasar a la inversión en la ética del desarrollo social, educativo y en la estructuración de un nuevo logro occidental: el Índice de Desarrollo Humano que sustituye en gran medida el del PIB que no parece tan justo para medir la estratificación social.

 

    1. Fomentando el ahorro. Con el dinero barato, el coste de oportunidad de embarcarse en inversiones de alto rango era menor y los españoles se lanzaron a comprar viviendas. En los últimos 15 años, los sucesivos gobiernos no han hecho gran cosa por contener una marea que debilitaba a largo plazo los cimientos de la economía, pero que, en la corta distancia, simula una riqueza aparente. Otra falacia identificable que va unida al dinero de largo plazo es que enriquece virtualmente las arcas de las distintas administraciones públicas, especialmente los ayuntamientos. Además se desincentivó el ahorro con reformas fiscales que encarecían la tributación de rentas de capital. Para atender una crisis inminente se debe recuperar el trato de favor de estos instrumentos de ahorro a largo plazo. Esta sería sin duda una buena estrategia para estimular la acumulación de riqueza antes que el gasto en un momento en el que la inflación se dispara.

 

    1. Desarrollando proyectos para emprendedores en el campo de la Sociedad del Conocimiento, las Redes Sociales y los elementos de Innovación colectiva. Otros territorios en los que nuestro país debe modificar su dinámica son las tecnologías de la información. El desarrollo vertiginoso de las mismas está cambiando la realidad socioeconómica que nos rodea. Es el contexto de las e-redes o espacios sociales cuyo valor es difícil de establecer, suponen elementos estratégicos para el desarrollo de una nueva economía basada en la comunicación y el diseño de producción. Ha llegado el momento de aprobar colectivamente y de certificar socialmente. Las instituciones públicas están muy lejos de esta realidad. Desconocen las bondades y usos de muchos de esos elementos, por ello es preciso trabajar en algunos procesos de organización y promoción que faciliten que decenas de buenas ideas convertidas en proyectos puedan desarrollarse con toda su potencia y sean capaces de enfrentarse en el campo abierto de la economía global. Los agentes públicos deben saber que estos modelos de negocio desconocidos, ya han abierto una puerta de la mano de comunidades de prosumidores reales y, con seguridad, ya no se va a cerrar. La interacción es un elemento de desarrollo económico revolucionario de efectos planetarios e irreversibles. Nuestro país no puede dar la espalda a un espacio emergente en el que tiene algunos de los representantes con mayor proyección del planeta.

 

    1. Inyectando paquetes muy bien diseñados en el campo de las inversiones. Se considera y pocos lo discuten que la mejor forma de hacer frente al frenazo de la construcción es con obra pública. Sin embargo, uno de los desfases en este sentido suele venir la utilización partidaria de los fondos destinados a esas inversiones. Se deben abandonar las infraestructuras electoralmente más convenientes y cambiarlas por las más rentables en términos de ocupación y, estratégicamente hablando, más eficaces. La manera más extendida de atender los gastos que supone la obra pública urgente, saqueando el superávit en las arcas del Estado. Un excedente que se podría ampliar con la participación del capital privado en la promoción pública. Por eso es determinante un plan de infraestructuras con la participación del capital privado en la obra pública. Cabe decir que en Europa esto es algo absolutamente normal y una eficiente forma de mejorar la red de infraestructuras a la vez que se evitan algunos vicios que se pueden adquirir por la propia esencia de la tecnocracia.

 

    1. Evitando potenciar la vivienda pública para reactivar la actividad de la construcción y hacer frente al aumento del desempleo que está registrando el sector, puesto que retrasaríamos el problema. En este sentido el excedente de viviendas y la sobreoferta suponen una barrera a cualquier política en el campo de la VPO. Sería preciso autorizar un Plan Integral de actualización del parque privado y público de vivienda a partir de un gran pacto nacional con las grandes estructuras patrimonialistas españolas. Si el PSOE cumple la promesa de construir 1,5 millones de Viviendas de Protección Oficial (VPO) en diez años, de las cuales 600.000 deberían estar en la primera legislatura, posiblemente se reactivaría puntualmente la industria que genera equipamiento al sector constructor, pero dejaría sin posibilidades comerciales al sector que dice querer proteger. Además el problema con la vivienda pública no es tanto de oferta sino de opción real de poder adquirirla. Esta es una de aquellas aventuras que sólo se pueden defender desde la demagogia o la ignorancia y que, criticándolo me expongo al reparto general de hostias que convertirán este post en algo parecido a un Congreso Eucarístico.

 

    1. Buscando puntos intermedios en la valoración del suelo puesto que los cambios recientes han afectado al mercado inmobiliario de un modo muy negativo, trayendo problemas a aquellos que compraron suelo rústico con la confianza de convertirlo a medio-largo plazo en urbanizable falseando expectativas. Han caído en la trampa algunos que lo merecían, pero a otros se les ha dejado con la financiación por resolver y eso tampoco es justo. El ejecutivo debe sentarse con el sector privado para buscar fórmulas de valoración del suelo a través de un gran pacto nacional con las Comunidades Autónomas y Ayuntamientos y lograr la flexibilización a la hora de poner a disposición terrenos a medio plazo, justo en el momento en el que el sector retome un cierto empuje. Si no se prepara el futuro viviremos una nueva espiral especulativa que podría ser definitiva. Entre las medidas imprescindibles en ese sentido deberá de redactarse un nuevo reglamento que potencie la agilización de los procesos urbanísticos para que, como ahora, no se alargue tanto el trámite que el precio de la vivienda se llega a encarecer hasta un 40 por ciento entre el inicio y el final de la obra.

 

  1. Modificando los procesos de control de los precios. Ante una de las etapas más inflacionarias que se recuerdan en democracia se deben tomar medidas, no sirve la buena ventura y el confesionario. La prosperidad de las grandes economías asiáticas ha disparado la demanda de alimentos frescos y, por tanto, su precio, pero es cierto que el desajuste en el control público de la distribución ha procurado que la subida de precios que se produce entre el producto en origen y su comercialización no atienda a ninguna lógica. Se debe evitar la concentración en la distribución de alimentos en unos pocos intermediarios. A más competencia, menor precio. Es algo parecido a lo que debería de suceder en los combustibles y en la telefonía por ejemplo. Aun siendo los más bajos de la UE, los monopolios del pasado se han convertido en acuerdos tácitos y pactos entre distribuidores que el gobierno no puede permitir.

En definitiva, los países van a veces demasiado lejos en ciertos sectores económicos y un ejemplo es el mercado hipotecario subprime americano. Cuando hay una sobrecarga o exceso irresponsable que no se ajusta a una realidad de la economía se produce una corrección inexorable. A España le llega también, puesto que ha habido sobrevaloración especulativa en la utilización de un dinero inexistente. Confío que España encontrará otro motor aunque tardará en lograrlo y después de grandes sacrificios. El ladrillo cambiará poco a poco de rumbo hacia productos de mayor peso tecnológico y con mayor valor añadido. Esto no sucederá en breve ni tampoco de un modo automático, se precisa paciencia, culpar a los responsables y esperar medidas políticas que incentiven la deriva propia de la historia.

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