Maneras de afrontarlo

Por que no aprovechamos que tenemos otra oportunidad. El tiempo se va a detener, unos meses tal vez. De momento el proceso que estamos viviendo (crisis le llaman, cambio sistémico lo considero) no afectará con virulencia de nuevo, nos dará tiempo para afrontar retos, proyectos si lo hacemos rápido y nosotros. A pesar de que hay que ser un iluso para no ver que el monstruo no ha desistido, que no se alejó dejando a su presa tranquila, que lo peor no ha pasado y que las heridas que hemos sufrido en la defensa de su primera agresión no tendrán tiempo de cicatrizar y que nos dejó heridos de muerte, hay que apretar los dientes y emprender. Con valor. Me niego, aunque hace poco lo hice, a listar todo lo malo que se cierne sobre nuestra existencia de color pastel. Siendo idiota se vive mejor. Que lo malo malísimo llegará es evidente, pero mientras no llegué que nos quiten lo bailao. En mi caso y en el de muchos, lo bailao será poner en marcha una nueva empresa por ejemplo. ¿quién sabe? Lo bailao no será esperar el tsunami, pues no sabemos como llegará. Se desconoce si será una quiebra, un default, una salida del euro, un aumento de paro ingestionable, una subida de impuestos insultante, un proceso de empobrecimiento brutal, una reducción de la productividad, de la competitividad, un cambio de nombre del país, una segregación, una república o cualquier cosa. Por no saber no sabemos que quiere decir “cambio de modelo”. Por lo tanto, incluso asumiendo que no habrá tsunami, lo mejor es estar preparado si no llega a no estarlo si llega.
Ahora bien, queda otra opción. La de no preocuparse de nada. Podemos trabajar duro estimulando un poder inédito e integral para idiotizarnos al máximo. Dejarse de leer el crecimiento negativo del PIB interanual contando desde hace un par o tres de años y empezar a compararlo con el inmediatamente anterior, así nos engañaremos profesionalmente y nos parecerá que ya salimos de la recesión técnica. Es una manera de actuar pero que puede estar conformada por dos maneras de afrontar la realidad: los que la niegan porque es incómodo y entristece y la de los que la obvian para no afectarse en su nuevo ímpetu por emprender. Los primeros usan el desconocimiento para seguir en el sofá, los segundos para levantarse de él. En mi caso, y en el de muchos que conozco, el motivo es el segundo, pero más íntimo, más real y menos irónico.

Para poder enfrentaremos al día a día como emprendedor o como gestor de empresas lo mejor es apartarse un poco de ese panorama. Sabemos que emprender en Europa y en España especialmente es difícil, que es cosa de locos, pero también es obligatorio alejarse de la realidad durante ese proceso. Si bien se debe atender a las dificultades, los sueños deben buscarse independientemente de la basura que tengamos alrededor. No obstante una cosa es obviar la realidad y pelearse con el escenario que nos ha tocado vivir y otra es negarla técnicamente. Lo malo está y cabe denunciarlo, atenderlo y de modo estratégico utilizarlo.

Cada uno elige donde se tira al vacio. Unos acantilados son más hermosos que otros. En mi caso elijo un precipicio digital. El escenario que elijo para ello siempre es el que se engloba en la Nueva Economía. Una Nueva Economía basada en conceptos como la Economía Digital, los negocios sin ingresos, el consumo relacional, las energías sustitutivas, los patrones financieros del futuro, los nuevos espacios de inversión, los productos mejor capacitados según que países, la gestión económica en red y en lo social, la emprendeduría colectiva y cooperativa, la vinculación entre universidad y empresa, la respuesta a coste bajo de problemas reales, la creación de productos tecnológicos que solucionen cosas y en definitiva en ese tipo de mecanismo empresarial que los emprendedores son capaces de inventarse en cualquier momento, justo cuando las cosas pintan peor.

Recuerden que nos gobiernan un grupo importante de señores que jamás pagaron una nómina a nadie, que no apostaron su patrimonio en ningún proyecto y que, en el peor de los casos, el mayor riesgo que corren en su periplo político es la indigestión por mariscos. Recordemos que eso no es exclusivo de uno u otro partido, que eso es un asunto de clase. Que la mayoría de los que dirigen nuestro destino pertenecen a una estirpe de trabajadores de partido, de gestores de visa a cuenta de otros, de la comodidad del sillón de alcántara y del coche oficial. Los unos y los otros nos dieron estos lodos. Da igual, es algo genérico y universal.

Veamos, ¿el ejecutivo de Rajoy está actuando por razones objetivas y en base a que percibe un cambio de modelo socioeconómico y estructural inminente y hay que preparar el país? ¿el gobierno del PP está recortando, subiendo impuestos y desarrollando reformas de todo tipo e improvisadas por que ha decidido estimular el nuevo escenario futuro de la economía digital, innovadora, de vanguardia, aumentada e hipersocial? Lamento decir que no. Las medidas se deben exclusivamente a imperativos europeos, por miedo al colapso y al default, no por un elemento conceptual o de medidas estadistas.

Preocuparse por la crisis sistémica es de tonto a las tres. ¿Desde cuando una crisis de tipo sistémico puede afectar a España? ¡Que barbaridad! ¿No recuerdan cuando Zapatero (amigo íntimo e inseparable del otro gran enviado desde un Universo paralelo, un tal Barack) decía que eso que llamaban crisis en medio planeta aquí no dejaba de ser una “desaceleración” controlada? Pues eso, ahora tampoco va a ser para tanto. El mundo se arreglará y España no va a ser menos. Total, que cierren 1000 microempresas y PYMES al día desde principios de año es un saneamiento gradual de nuestro sistema económico. ¿Qué mejor?

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